Asertividad en el trabajo

La asertividad es una habilidad fundamental para afrontar los conflictos y tener éxito profesional. La clave radica en respetarse a uno mismo y saber ponerse en el lugar de los demás. 

¿Qué es la asertividad?

La asertividad es una habilidad esencial que determina nuestro grado de bienestar y eficacia, según reveló un estudio publicado en la Journal of Education and Practice. Ser asertivo en el entorno laboral cobra mayor relevancia ya que nos permite gestionar mejor los conflictos, defender nuestros derechos e incluso ascender en el trabajo. De hecho, psicólogos de la Universidad de Columbia trabajaron con estudiantes de MBA y descubrieron que la asertividad era la habilidad más importante a la hora de evaluar las competencias de liderazgo.

Con la asertividad en el ambiente de trabajo, podemos expresar nuestros deseos, necesidades y opiniones de manera adecuada, directa y amable. Se trata de expresarnos y defender nuestros derechos sin caer en la agresividad o la pasividad, mostrando una actitud respetuosa.

¿Cómo mejorar la asertividad en el trabajo?

  1. Reconoce tu valor y sé consciente de tus derechos. La asertividad parte del respeto a uno mismo, según reveló un estudio realizado en la Universidad de Kiel. Para ser asertivo debes desarrollar un nivel de autoconciencia que te permita tener una perspectiva realista del valor único que aportas. También es importante que conozcas tus derechos laborales, para que no permitas que los pisoteen. Cuando conoces tu valía y te respetas, tendrás la confianza suficiente para hacer valer tus derechos.
  2. Conoce tus puntos sensibles. Nadie es perfecto, algunas situaciones límite pueden hacerte perder la calma. Ser asertivo implica detenerse antes de llegar a ese punto, por lo que es importante que conozcas tus puntos sensibles. Así, si uno de tus colegas o tu jefe intenta traspasar tus límites, podrás ponerle freno antes de que la situación empeore.
  3. Habla en primera persona. Para comunicarse de manera asertiva es fundamental transmitir el mensaje con claridad. Si hablas en primera persona dejarás patente que se trata de tus opiniones, deseos o necesidades, estableciendo una comunicación más cercana. Al contrario, asumir un tono impersonal o usar indirectas construye un muro que obstaculiza la resolución de los problemas.
  4. Relaciónate desde la empatía. Ser asertivo implica ser empáticos. Para no asumir un enfoque agresivo necesitas ser capaz de ponerte en el lugar de tu interlocutor y comprender su punto de vista. Cuando una persona se siente escuchada y comprendida, baja sus defensas y se muestra más abierta al diálogo.
  5. Cuida tu lenguaje corporal. El lenguaje corporal puede representar hasta el 90% de la comunicación, por lo que no solo es fundamental que cuides tus palabras sino también tus gestos. Decir una cosa y expresar otra con la gestualidad suele dar pie a una comunicación pasivo-agresiva que destruye cualquier posibilidad de entendimiento.

Empieza a practicar la asertividad en el trabajo y descubre los beneficios de esta habilidad para tu éxito profesional.

 

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